El término "Gran Israel" (en hebreo, Eretz Yisrael HaShlema) representa una de las visiones más controvertidas y persistentes en el debate político de Oriente Próximo. No se trata de una simple aspiración territorial, sino de una visión estratégica, religiosa e ideológica que ha orientado decisiones de Estado desde la fundación de Israel y que continúa alimentando políticas expansionistas. Este ensayo explorará las múltiples dimensiones de este concepto, desde sus raíces en la tradición bíblica hasta sus expresiones en la geopolítica contemporánea, analizando las razones históricas, estratégicas y teológicas que sustentan la aspiración de expansión territorial.
1. Fundamentos y definiciones
El "Gran Israel" carece de fronteras universalmente aceptadas, pero su definición básica se refiere al territorio que, según la Biblia hebrea, fue prometido al pueblo judío. La descripción más amplia se encuentra en el Génesis (15:18-21), donde Dios promete a Abraham una tierra que se extiende "desde el río de Egipto hasta el gran río, el Éufrates". Esta área incluiría partes de los actuales Egipto, Jordania, Siria, Líbano, Irak, además de todo Israel y los territorios palestinos.
Otras descripciones bíblicas en Números, Deuteronomio y Ezequiel delimitan territorios más pequeños, correspondientes generalmente a las doce tribus de Israel después del Éxodo. En la práctica moderna, el término ha evolucionado para referirse principalmente a:
· El territorio del Mandato Británico de Palestina (1920-1948), que incluía lo que hoy es Israel, Cisjordania, Gaza y Jordania.
· Tras la creación de Jordania en 1922, el foco se desplazó al territorio al oeste del río Jordán.
· Después de la guerra de 1967, el término pasó a asociarse frecuentemente con Israel junto con los territorios ocupados: Cisjordania, Gaza, Jerusalén Este, los Altos del Golán y la península del Sinaí (esta última devuelta a Egipto en 1982).
2. Evolución histórica de la idea
2.1 Los inicios del sionismo y el pragmatismo territorial:
Los primeros ideólogos sionistas, como Theodor Herzl, ya imaginaban un Estado judío con dimensiones considerables. Herzl, en su obra Der Judenstaat (1896), sugería fronteras que irían "desde las montañas frente a Capadocia en Turquía hasta el Canal de Suez". Sin embargo, desde el principio surgió una estrategia pragmática: aceptar menos territorio a cambio de la soberanía política inmediata, con la idea de expandirse cuando las circunstancias lo permitieran.
Esta lógica fue articulada claramente por David Ben-Gurión, el futuro primer ministro fundador. En 1937, ante la propuesta de partición de la Comisión Peel, Ben-Gurión declaró: "Un Estado judío parcial no es el fin, sino solo el comienzo... Aceptaremos un Estado dentro de los límites fijados hoy, pero los límites de las aspiraciones sionistas son asunto del pueblo judío". Esta filosofía de "aceptar menos hoy para poseer más mañana" se convirtió en una constante.
2.2 El momento crucial, la guerra de 1967:
La Guerra de los Seis Días marcó un punto de inflexión. La victoria israelí y la ocupación de Cisjordania, Gaza, Sinaí y los Altos del Golán fueron vistas por muchos como la oportunidad para rectificar lo que sectores nacionalistas llamaban "fronteras Auschwitz" —una referencia a las fronteras anteriores a 1967, consideradas indefendibles y antinaturales.
Tras esta guerra, surgió el "Movimiento por el Gran Israel", una organización política que presionó para anexionar los territorios capturados y poblarlos con colonos judíos. Este movimiento encontró eco en partidos de derecha y extrema derecha, especialmente en el Likud, cuyo ideólogo precursor, Ze'ev Jabotinsky, ya abogaba por un Estado judío en ambas márgenes del río Jordán.
2.3 La consolidación de los hechos sobre el terreno:
Independientemente de las declaraciones oficiales, Israel ha implementado una política constante de creación de "hechos sobre el terreno" para hacer irreversible su control sobre territorios clave, especialmente en Jerusalén Este y Cisjordania. Tras 1967, Israel redefinió las fronteras municipales de Jerusalén, anexionando la parte oriental y tierras adyacentes.
Mediante un sistema complejo de expropiaciones —bajo figuras como "requisición militar", "tierras abandonadas" o "propósitos públicos"—, Israel ha confiscado miles de hectáreas para construir asentamientos judíos. Solo en Jerusalén Oriental, entre 1968 y 1991, se expropiaron más de 23 km² de tierras, predominantemente de propietarios palestinos, para construir barrios israelíes. Estos asentamientos, conectados entre sí y con Israel por una red de caminos, fragmentan el territorio palestino y dificultan enormemente la viabilidad de un Estado palestino continuo.
3. Argumentos contemporáneos para la expansión
Los defensores del "Gran Israel" presentan un conjunto de argumentos interrelacionados que justifican la expansión:
· Seguridad y profundidad estratégica: Este es el argumento más frecuente en el discurso oficial. Israel, con su forma estrecha y alargada, se considera vulnerable a ataques sorpresa. La necesidad de "profundidad estratégica" es una doctrina militar que justifica el control de territorios colindantes para crear zonas de amortiguación. El ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, que evidenció la vulnerabilidad de las comunidades cercanas a Gaza, ha revitalizado este argumento entre sus partidarios.
· Derecho histórico y religioso: Para los sionistas religiosos y la extrema derecha, la Biblia no es solo un texto sagrado, sino un "título de propiedad" divino e intransferible. Figuras como el ministro de Finanzas Bezalel Smotrich (del partido Sionismo Religioso) abiertamente reivindican este derecho basado en la Torá. Esta visión a menudo va ligada a ideales mesiánicos, como la reconstrucción del Templo de Jerusalén en el lugar que actualmente ocupa la mezquita de Al-Aqsa.
· Control de recursos: La visión expansionista también tiene una dimensión geoestratégica y económica. Ya en 1919, el líder sionista Chaim Weizmann presentó a las potencias aliadas un mapa que priorizaba el control de los recursos hídricos de la región: las cabeceras del río Jordán, los afluentes del Yarmuk y el acceso al golfo de Aqaba.
· La doctrina del "máximo territorio, mínima población palestina": Un hilo conductor en el pensamiento sionista ha sido la búsqueda del mayor territorio posible con la menor cantidad de habitantes árabes/palestinos. Esto explica, en parte, políticas como el bloqueo de Gaza, la expansión de asentamientos en Cisjordania y declaraciones de figuras de gobierno que promueven la "emigración voluntaria" de palestinos. El objetivo subyacente es mantener una clara mayoría demográfica judía.
4. Desafíos y viabilidad
A pesar de su influencia política, el proyecto del "Gran Israel" enfrenta obstáculos formidables:
· Realidad demográfica: Anexionar formalmente Cisjordania y Gaza incorporaría a millones de palestinos al Estado de Israel. Esto plantea un dilema existencial: si se les concede ciudadanía plena, se arriesga a diluir el carácter judío del Estado; si se les niegan derechos, Israel se consolidaría como un régimen de apartheid de facto. Esta fue la razón por la que, incluso el nacionalista Menachem Begin, optó por la ocupación militar sin anexión formal tras 1967: "Anexemos la tierra, pero no a la gente".
· Oposición internacional: El derecho internacional, numerosas resoluciones de la ONU y la mayoría de la comunidad internacional consideran ilegal la ocupación y los asentamientos israelíes. La creciente ola de reconocimientos del Estado de Palestina por parte de países como Reino Unido, Australia y Canadá es una respuesta directa a las políticas expansionistas.
· Fracturas internas israelíes: No existe consenso en Israel. Sectores importantes de la sociedad, la academia, e incluso ex altos mandos militares y de inteligencia, se oponen al proyecto por considerarlo peligroso para la democracia y la seguridad a largo plazo del país. La prolongada guerra en Gaza y sus costes están desgastando el apoyo interno.
· Resistencia regional: Ningún país árabe aceptaría pasivamente una expansión israelí masiva. La visión de un Israel desde el Nilo hasta el Éufrates es percibida como una amenaza existencial que podría desencadenar una guerra regional total.
El "Gran Israel" es mucho más que un mapa antiguo; es una ideología viva que combina narrativas religiosas, temores de seguridad y ambiciones nacionalistas. Su fuerza radica en su capacidad para adaptarse: de la ambición maximalista de "del Nilo al Éufrates" a la práctica incremental de la colonización de Cisjordania. Sin embargo, su realización plena choca con realidades demográficas, jurídicas y geopolíticas que la hacen inviable en el siglo XXI.
La persistencia de esta visión, sin embargo, tiene consecuencias profundas: socava cualquier posibilidad de una solución de dos Estados, alimenta el ciclo de violencia y coloca a Israel en una trayectoria de creciente aislamiento internacional y conflicto interno. Como señaló el economista Jeffrey Sachs, "La gran amenaza para la supervivencia [de Israel] no son los países árabes... sino las políticas de su gobierno extremista". El dilema del "Gran Israel" no es, en última instancia, sobre cuánta tierra puede controlar un Estado, sino sobre qué tipo de Estado —y en qué tipo de paz— pueden vivir sus ciudadanos y vecinos.
Henry Escribano

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