El año 2025 pasará a la historia de las Fuerzas Armadas no por los desfiles, ni por las medallas, ni por la tan cacareada «cultura de defensa» que el Gobierno de Pedro Sánchez intenta vender en los telediarios. No. El 2025 cerrará sus puertas como el «Año de la Traición». Doce meses de infamia en los que el Ministerio de Defensa, liderado por una Margarita Robles cada vez más alejada de la realidad de los cuarteles y más cómoda en los despachos de la industria armamentística, ha asestado hasta diez puñaladas mortales a la dignidad de nuestros soldados.
Desde la vergüenza salarial hasta la gestión negligente de la DANA, pasando por la persecución judicial a sus propios subordinados, este año ha cristalizado la ruptura total entre la cúpula política y la base militar. Las asociaciones profesionales, han dicho «basta» y exigen dimisiones ante lo que consideran un desprecio institucional sin precedentes.
A continuación, diseccionamos la «Decálogo de la Vergüenza»: las 10 polémicas que han convertido 2025 en un calvario para quienes juraron dar su vida por España.
- La farsa de los sueldos: «Migajas» para los soldados, millones para la industria
La madre de todas las batallas ha sido, un año más, el bolsillo. Mientras la inflación devoraba las nóminas de las familias españolas, los militares esperaban esa «reparación histórica» que nunca llegó. El Pleno Extraordinario de Retribuciones de diciembre fue la gota que colmó el vaso. Tras 18 meses de retrasos injustificables y ninguneos a las asociaciones ASFASPRO, AUME y UMT, el Ministerio se presentó con las manos vacías y excusas de mal pagador.
Robles intentó vender como un éxito una subida lineal de 200 euros brutos que, en la práctica, ha sido fagocitada íntegramente por el IPC acumulado del 21,7% desde 2018. Una burla contable. Mientras a los soldados se les negaba el pan y la sal alegando «falta de Presupuestos para 2026», el propio Gobierno aprobaba partidas millonarias para la industria. ¿Dónde están los 679 millones de euros que el Plan Industrial prometía para recursos humanos? Nadie lo sabe. Se han esfumado en el laberinto burocrático del sanchismo, dejando a nuestros militares con sueldos que rozan el Salario Mínimo.
- Prioridades inmorales: Airbus e Israel por delante de la ética
Si algo ha demostrado 2025 es que, para este Ministerio, la cuenta de resultados de las multinacionales vale más que la coherencia. En un giro de guion que ha sonrojado a propios y extraños, Robles levantó en diciembre el veto comercial a Israel —ese que tanto pregonaban por «humanidad»— única y exclusivamente para permitir que Airbus siguiera haciendo caja.
La excusa oficial fue proteger «fines industriales y empleo», desvinculándolo cínicamente del «ámbito militar». Es decir: se flexibiliza la ética para salvar los negocios de los gigantes aeronáuticos, pero se aplica el rigor presupuestario más estricto cuando se trata de subir el sueldo a un cabo. Una hipocresía que ha dolido especialmente en las unidades, donde ven cómo el dinero fluye hacia arriba mientras el material de protección, como los blindados 8×8 Dragón, acumula retrasos vergonzosos hasta 2030, obligando a los tripulantes a jugarse el tipo en latas de sardinas obsoletas.
- El «Ejército Vacío»: España se queda sin soldados
El desastre de gestión ha provocado lo inevitable: nadie quiere ser militar en la España de Robles. Los datos son demoledores y hablan de una crisis de reclutamiento sin paliativos. Cerramos el año con 3.000 efectivos menos de los autorizados por ley (76.083 reales frente a 79.000 presupuestados).
Tenemos una ratio ridícula de 2,4 militares por cada 1.000 habitantes, a años luz de los 6 de la OTAN. ¿Y qué hace el Ministerio? Mirar para otro lado. Los jóvenes huyen de unos cuarteles donde se cobra mal, se vive peor y se les despide a los 45 años. El resultado son unidades «en cuadro», incapaces de sostener el ritmo operativo, y un Ministerio que prefiere gastar en publicidad institucional que en retener talento.
- Guerra judicial contra su propia gente: La humillación de la edad
Robles no solo no ayuda a sus militares, sino que litiga contra ellos. Ha tenido que ser la Audiencia Nacional, en una sentencia histórica de noviembre, la que le pare los pies al Ministerio por discriminar a la Tropa en su promoción interna.
Defensa se empeñó en mantener límites de edad ilegales para impedir que soldados y marineros ascendieran a Oficiales y Suboficiales, vulnerando la Constitución. La Justicia ha tumbado esta cacicada, pero el daño moral está hecho: miles de militares han visto cómo su propia ministra enviaba a la Abogacía del Estado a luchar para cortarles las alas profesionales. Una puñalada por la espalda a la meritocracia.
- Desahucios en los cuarteles: A la calle sin miramientos
Como si el sueldo precario no fuera suficiente castigo, el Ejército de Tierra, con el beneplácito de Robles, intentó ejecutar una maniobra propia de un fondo buitre: expulsar a los soldados de los Alojamientos Logísticos Militares (ALM) tras tres años de estancia.
De nuevo, tuvo que venir el Tribunal Supremo, a instancias de la asociación AUME, para anular esta medida cruel el pasado 5 de noviembre. El Alto Tribunal recordó a Robles que el alojamiento es un derecho instrumental para quienes son movidos como peones por la geografía española. La intención del Ministerio era clara: echar a la calle a los militares para no invertir en nuevas residencias. Ladrillo antes que personas.
- El despido a los 45 años: La sangría continúa
Es la condena silenciosa. La Ley de Tropa y Marinería sigue ejecutando a los 45 años a quienes no logran la condición de permanente, enviándolos al paro con una mano delante y otra detrás. En 2025, el rodillo parlamentario del Gobierno, con el PSOE a la cabeza, ha bloqueado sistemáticamente cualquier intento de instaurar una Ley de Carrera Militar Única que acabe con esta precariedad.
Mientras se llenan la boca con la palabra «dignidad», sus señorías votan en contra de las mociones que piden paralizar estos despidos. Para Robles, un soldado de 45 años es un mueble viejo del que hay que deshacerse, despreciando décadas de experiencia vital para la operatividad del Ejército.
- Monte la Reina: 27 millones para un cuartel fantasma
El capricho político de Sánchez en Zamora, el cuartel de Monte la Reina, se ha tragado este año 27 millones de euros en contratos de urbanización. ¿El problema? Que es un cuartel fantasma.
Las asociaciones denuncian que no hay personal para llenarlo. En medio de la crisis de reclutamiento más grave de la democracia, el Ministerio construye infraestructuras faraónicas en la «España vaciada» sin tener soldados que poner dentro. Es el ejemplo perfecto de la gestión socialista: inauguraciones, fotos y cemento, mientras la realidad humana de las unidades se desmorona.
- Comida basura y material letal
La dignidad también se mide en el rancho. El escándalo de la comida en las maniobras de la OTAN en Polonia ha sido la imagen de la vergüenza internacional: nuestros soldados denunciando comida «basura», escasa y, en el caso de los Regulares de Ceuta, ofensiva por incluir cerdo en menús para musulmanes. Y encima, pagando de su bolsillo porque las dietas se han recortado al 50%.
A esto se suma el peligro de muerte real. Accidentes graves en maniobras con vehículos BMR obsoletos que deberían estar en un museo y no en un ejercicio. Robles juega a la ruleta rusa con la seguridad de nuestros efectivos mientras posa sonriente junto a los prototipos del futuro que nunca llegan.
- La mentira de la DANA: «No era nuestra competencia»
La catástrofe de Valencia destapó la peor cara de la gestión política de la Defensa. Mientras el pueblo se ahogaba, el Ministerio dudaba. Robles, atrapada en sus propias contradicciones, pasó de decir en 2024 que las emergencias «no eran competencia de Defensa» a intentar vender que el Ejército estuvo allí «desde el minuto uno». Inicialmente se desplegó a unos pocos, mientras la mayoría de militares estuvieron días de brazos cruzados antes de que se les permitiera actuar.
La realidad, documentada y denunciada, es que miles de soldados estaban acuartelados, impotentes y furiosos, esperando una orden que tardó demasiado por cálculos políticos miserables entre el Gobierno central y la Generalitat. Y cuando llegaron, lo hicieron en condiciones penosas, durmiendo en el suelo y comiendo raciones frías, mientras la Guardia Civil descansaba en hoteles. Una gestión que exigía disculpas y solo recibió arrogancia.
- El fin del diálogo: Robles rompe la baraja
La última puñalada ha sido la muerte del diálogo. El Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas (COPERFAS) es hoy un órgano zombi. Robles ha instaurado un régimen de monólogo, vaciando de contenido los plenos y enviando a sus subordinados a capear el temporal sin capacidad de negociación.
Las asociaciones, hartas de ser un florero, han pedido abiertamente la dimisión de la ministra. Nunca antes en democracia la ruptura había sido tan profunda. El «ordeno y mando» ha sustituido a la escucha, y el Ministerio se ha convertido en un búnker insonorizado donde no llegan los gritos de auxilio de su propia gente.
Conclusión: Un 2026 de incertidumbre y lucha 2025 termina como el annus horribilis de la familia militar. Margarita Robles, la ministra que llegó con vitola de estadista, se ha quitado la careta, revelándose como la ejecutora de una política de abandono y desprecio. Con los puentes rotos y la moral por los suelos, 2026 se presenta como un año de conflicto abierto. Si el Gobierno pensaba que la disciplina militar significaba silencio sumiso, se equivoca. Los ciudadanos de uniforme han despertado, y no van a permitir ni una puñalada más.
El Gobierno despacha a dedo 20.000 millones para proyectos militares en una semana.
Todas ellas tienen un denominador común: el adjudicatario es la Dirección General de Armamento y Material del Ministerio de Defensa y se han atribuido a dedo, en conversación directa con la empresa. Airbus o Indra, entre los principales agraciados.
Dos de las adjudicaciones de mayor importe han caído en manos de sendas UTEs constituidas por los hermanos Escribano -Indra y EM&E-: una, por 3.763.636.363,64 euros, para el suministro de un sistema de artillería autopropulsada sobre cadenas para el Ejército de Tierra y la Infantería de Marina; la otra, de 2.600.000.000 euros, para un sistema de artillería autopropulsada sobre ruedas.
Publicación del Instituto Español de Geopolítica

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