Medina Alzahira, castellanización del nombre en árabe: ﺍﻟﻤﺪﻳﻨـة ﺍﻟﺰﺍﻫﺮة, romanizado: Madīnat al-Zāhira, que significa «la ciudad floreciente», fue una ciudad palatina construida por Almanzor en el siglo X en las cercanías de Córdoba en la margen derecha del Guadalquivir. Su construcción se produjo entre los años 979 y 987, cuando Almanzor abandonó Medina Azahara y se instaló en ella y la convirtió en el segundo centro administrativo y de poder del Califato de Córdoba, hasta que fue saqueada y destruida en abril de 1009. Tan sistemática fue su destrucción que aún no ha sido posible hallar su localización.
La localización exacta de Medina Alzahira, la efímera capital administrativa construida por Almanzor a finales del siglo X como símbolo de su poder y rival directa de Medina Azahara (Madinat al-Zahrā), constituye uno de los enigmas topográficos más persistentes de la arqueología andalusí. De las innumerables hipótesis formuladas a lo largo del tiempo, ninguna había logrado aducir hasta la fecha pruebas físicas contrastables y extrapolables al territorio real.
Pero esta situación puede haber cambiado. El investigador de la Universidad de Córdoba y de la Unidad Patricia, Antonio Monterroso Checa, ha publicado en una revista su estudio con el que puede haber dado con el esquivo yacimiento. En la zona conocida históricamente como Cabezos de las Pendolillas, cerca de Alcolea y a unos doce kilómetros al este de la mezquita aljama de Córdoba, los sensores de detección remota han revelado una serie de anomalías en el relieve que se extienden a lo largo de más de 1200 metros lineales. Para Monterroso Checa, estas irregularidades del terreno son producidas por la existencia, en el subsuelo y en alzado, de un enorme yacimiento arqueológico que, por sus características, debe corresponder con la perdida ciudad de Almanzor.
Lo que puede haberse hallado en esta zona es una trama urbana ordenada y de vastas dimensiones. Las anomalías se corresponderían con una arquitectura de disposición aterrazada, organizada mediante la agregación de construcciones de planta rectangular o cuadrangular que se despliegan a lo largo de una superficie calculada en aproximadamente 120 hectáreas. La rigidez de esta trama ortogonal se ve interrumpida en algunos puntos por estructuras que quebrantan la alineación general para orientarse hacia el sureste, un detalle morfológico que añade complejidad al conjunto y sugiere una planificación consciente de la topografía del lugar. Esta extensión es idéntica a la que ocupa Medina Azahara, un paralelismo métrico que refuerza la idea de una fundación concebida como contrapeso simbólico y político a la obra del primer califa andalusí.
El área identificada posee, además, un historial de uso que la vincula directamente con la esfera del poder. Desde el siglo XV consta documentalmente como zona de dehesa ligada al Realengo, y fue sede de las Yeguadas Reales desde el reinado de Felipe II. Este estatus la convierte, junto con el entorno de Medina Azahara, en una de las dos únicas Dehesas Reales documentadas en el término de Córdoba, un indicio histórico que el estudio integra en su discurso interpretativo junto con la tradición historiográfica y literaria relativa a Alzahira. La propuesta, por tanto, surge de la confluencia entre la evidencia tecnológica más avanzada y el análisis crítico de las fuentes escritas.
La importancia de la investigación trasciende el caso concreto de Alzahira. La metodología empleada ha permitido ya la identificación de varios centenares de yacimientos arqueológicos previamente desconocidos en la provincia de Córdoba, demostrando el potencial revolucionario de la tecnología para el acceso abierto para la prospección arqueológica sistemática.
En el caso específico de la ciudad de Almanzor, el estudio publicado se erige como la única hipótesis que trasciende la mera especulación basada en fuentes textuales para ofrecer una lectura física y geomorfológica del territorio susceptible de ser verificada mediante futuras campañas de prospección geofísica o excavación arqueológica.
El contexto histórico de Medina Alzahira, construida entre los años 979 y 987 en la margen derecha del Guadalquivir, es el de una fundación de urgencia política. Tras alcanzar el poder efectivo como hayib del califa Hisham II, Almanzor abandonó la corte de Medina Azahara y ordenó erigir esta nueva “ciudad floreciente” –significado de su nombre en árabe– para albergar a su familia, su administración, su ejército y todo el aparato de gobierno.
Su conversión en el centro neurálgico del califato atrajo a una población de funcionarios, artesanos, soldados y mercaderes que desarrolló una intensa vida urbana en torno al palacio, una vida protegida por murallas y alimentada por privilegios. Su declive fue tan abrupto como su ascenso. Tras la muerte de Almanzor en 1002, la incapacidad de sus hijos para mantener su autoridad desencadenó una crisis que culminó en abril de 1009 con el saqueo y la destrucción sistemática de la ciudad por parte de la población cordobesa, decidida a borrar todo rastro de la dinastía amirí. La devastación, según testimonios que recoge en el siglo XX el arquitecto Leopoldo Torres Balbás, fue tan completa que acabó incluso con la memoria de su emplazamiento exacto en la tradición local. Durante el siglo XIX y parte del XX, diversas teorías la situaron erróneamente en la Capilla de San Bartolomé, en el barrio de Santiago o en la zona de Moroquil, hipótesis que posteriores estudios arquitectónicos y arqueológicos fueron descartando.
La corriente más sólida, defendida por Torres Balbás y basada en los textos del historiador al-Maqqari, siempre apuntó a un meandro del Guadalquivir al este de la medina cordobesa, una línea en la que precisamente se inscribe la actual propuesta. Por lo que la investigación de Antonio Monterroso Checa no viene a plantear una localización novedosa desde cero, sino a confirmar la que ya era considerada la hipótesis más verosímil. La confirmación definitiva, no obstante, requerirá ahora que estas marcas en el terreno sean interpretadas in situ. El siguiente paso lógico, y así lo sugiere el estudio, sería la realización de una prospección geofísica de alta resolución en los cabezos de las Pendolillas, capaz de cartografiar en profundidad las estructuras soterradas. De confirmarse, se abriría la puerta a la excavación y puesta en valor de uno de los grandes símbolos perdidos del poder califal, una ciudad espejo cuya sombra, durante más de mil años, solo ha podido proyectarse sobre el papel.
FUENTE:
Universidad de Córdoba


No hay comentarios:
Publicar un comentario