El pueblo de los linces ibéricos que buscaba encargado de bar

 

El pueblo de los linces ibéricos que buscaba encargado de bar

La alcaldesa de Villarejo de Montalbán acordó ayer la gerencia del negocio tras tres meses de búsqueda de candidatos en uno de los municipios con menor población


Pueblos como Villarejo de Montalbán pueden incorporar un marchamo que advierta del riesgo de extinción. Como parte de los municipios de la Jara, se faja cada día con el riesgo de la pérdida paulatina de servicios y la sensación de hacer pie entre la riada de despoblación. Con 70 empadronados y sólo 45 residentes, Teresa había emprendido la aventura de encontrar un encargado para el bar del pueblo. Hasta ayer. Desde junio el puesto había quedado vacante. Nadie podía desde entonces tomar un café a primera hora de la mañana ni charlar sobre lo humano ni lo divino. Ni tampoco compartir en la terraza la fascinación de haber avistado un lince ibérico a pocos metros.

Las condiciones son ventajosas: el Ayuntamiento ofrece gratis el local y costea 175 euros cada mes del gasto de electricidad. Teresa Pavón ejerce esta legislatura como alcaldesa y se ha entrevistado con diferentes candidatos en las últimas semanas. Ninguno había cuajado, hasta ayer, puesto que incorpora obligaciones: abrir a las 8:30 de la mañana y seis días por semana.

El Ayuntamiento exige también ahora una fianza reembolsable de 500 euros. «No tener bar es muy jodido», reconoce castizamente Teresa, de 50 años, quien mencionaba el lastre para los aspirantes de que ninguna casa del pueblo está en alquiler. Ella nació años después de que el pueblo perdiera la escuela, y la última época ha transcurrido con muchos vaivenes en la dirección del bar.

«Si se puede, se lleva», afirma sobre la rentabilidad de un bar que regentó incluso a la desesperada y durante dos años el anterior alcalde, Salvador Aguilar. Todo por retener un servicio fundamental en cualquier pueblo.

Villarejo de Montalbán colinda con municipios como Los Navalmorales, San Martín de Pusa o San Martín de Montalbán. La carretera que comunica estos dos pueblos conduce a Villarejo, acariciado por el río Cedena. Un puente embriaga de belleza la periferia de un pueblo bendecido en los dos últimos años por la presencia frecuente del lince ibérico. «No es extraño verlos», explica la alcaldesa, quien calcula a vuelapluma que decenas de aficionados acuden cada mes para intentar ver esos ejemplares revividos. A su vez, los visitantes se han incorporado como potenciales clientes del bar del pueblo. 

La aprobación del proyecto LIFE Iberlince en 2011 para su recuperación allanó el retorno del lince a los Montes de Toledo. Se trata de una especie con unos requerimientos ecológicos particulares; eso sí, parece que le gusta coquetear con el sosiego de Villarejo de Montalbán. Un pueblo que libra la batalla diaria de sentirse vivo.

J.Moreno



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