Un barco ruso, reactores nucleares y Corea del Norte: la increíble historia que pasó por el Estrecho de Gibraltar

 

El carguero Ursa Major fue vigilado en el Estrecho meses antes de hundirse con una carga nuclear clandestina


El reportaje vio la luz el Día de los Santos Inocentes y, durante horas, muchos lectores pensaron que estaban ante una broma. Nada más lejos de la realidad. La investigación publicada por La Verdad destapó uno de los episodios más inquietantes de los últimos años en el Mediterráneo occidental: el hundimiento deliberado de un buque ruso que transportaba de forma clandestina dos reactores nucleares con destino a Corea del Norte.

Una historia de guerra híbrida, espionaje internacional y rutas marítimas bajo vigilancia que, lejos de ser ajena al sur de España, tiene un vínculo directo con el Estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán, uno de los corredores estratégicos más sensibles del planeta.

Un viejo conocido de las aguas del Estrecho

El carguero Ursa Major, perteneciente a la denominada flota fantasma rusa, no era un desconocido para las autoridades españolas. Meses antes de su hundimiento, entre el 10 y el 16 de marzo de 2024, este buque formó parte de un convoy de tres mercantes rusos escoltados por la fragata ‘Admiral Grigorovich’ que fue detectado y seguido por el patrullero español ‘Centinela P-72’ mientras atravesaba el Estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán.

Junto al Ursa Major navegaban entonces el Sparta IV y el Yaz, todos ellos bajo vigilancia en una operación de seguridad marítima desarrollada por la Armada española. Tras varios días de seguimiento, la fragata rusa puso fin a la escolta y se dirigió hacia el Mediterráneo oriental, mientras el patrullero español comprobaba su salida de aguas de jurisdicción española antes de retomar su misión.

Ese episodio, publicado en su día por Área, cobra ahora una dimensión completamente distinta a la luz de lo revelado por La Verdad.

Un viaje imposible con una carga que no cuadraba

El 11 de diciembre de 2024, el Ursa Major zarpó de San Petersburgo con destino a Vladivostok, una travesía de más de 15.000 kilómetros que obligaba al mercante a cruzar el Mediterráneo y el canal de Suez en pleno invierno. Oficialmente, transportaba contenedores vacíos, grúas Liebherr y piezas industriales. Extraoficialmente, ocultaba dos reactores nucleares VM-4SG.

Las autoridades marítimas españolas detectaron desde el primer momento una navegación errática, ralentizaciones inexplicables y maniobras anómalas. El 22 de diciembre, el buque comenzó a perder velocidad y escorarse sin causa aparente. Al día siguiente, lanzó un mayday cuando ya se encontraba a 60 millas de Cartagena, en aguas internacionales entre España y Argelia.

El rescate y las primeras sospechas

España asumió la coordinación del rescate ante la falta de respuesta de Argelia. Salvamento Marítimo, con medios como el ‘Clara Campoamor’, la ‘Salvamar Draco’ y el helicóptero Helimer 205, logró evacuar a 14 tripulantes, mientras dos marinos desaparecían tras varias explosiones en la sala de máquinas.

Durante la operación, surgieron las primeras señales inquietantes:

  • Puertas de la sala de máquinas cerradas herméticamente.
  • Contenedores no declarados en la popa del buque.
  • Bultos de gran tamaño, con un peso estimado de 65 toneladas cada uno, incompatibles con la versión oficial de la carga.

Las preguntas se acumulaban. ¿Por qué un buque de este tipo cruzaba medio mundo para transportar contenedores vacíos? ¿Por qué llevaba grúas especiales si su destino declarado no las necesitaba?

El agujero en el casco y la hipótesis del torpedo

Las declaraciones posteriores del capitán ruso revelaron un dato clave: un agujero de 50 por 50 centímetros en el costado de estribor, con los bordes hacia el interior. Un impacto externo, incompatible con una explosión interna convencional.

Las investigaciones españolas, recogidas en informes oficiales, concluyeron que el daño no se corresponde con un torpedo tradicional, pero sí con uno supercavitante, un arma de alta tecnología utilizada por potencias militares capaces de perforar un casco sin necesidad de carga explosiva.

Reactores nucleares y Corea del Norte

El análisis de las imágenes aéreas permitió identificar tuberías de refrigeración y componentes propios de reactores nucleares. La hipótesis que manejan las autoridades españolas es clara: el Ursa Major transportaba dos reactores VM-4SG con destino a Corea del Norte, en el marco de los acuerdos de cooperación militar y tecnológica entre Vladímir Putin y Kim Jong-un.

El destino final sería Rason, un puerto norcoreano cercano a la frontera rusa, conectado por ferrocarril y con infraestructuras limitadas, lo que explicaría la necesidad de grúas especializadas para la descarga.

El papel de Rusia y el hundimiento final

La actuación rusa incrementó aún más las sospechas. La noche del 23 de diciembre, el buque militar ‘Ivan Gren’ exigió el control de la operación de rescate y forzó la retirada de los medios españoles. Poco después, se apagaron las luces del mercante y se lanzaron bengalas para cegar la observación por satélite.

Minutos después, el Ursa Major se hundió definitivamente, descansando a 2.500 metros de profundidad. Los sismógrafos del Instituto Geográfico Nacional registraron ondas compatibles con detonaciones de entre 20 y 50 kilos de TNT.

Días más tarde, el buque oceanográfico ruso ‘Yantar’ se desplazó hasta la zona, presuntamente para verificar que no quedaban restos sensibles en el lecho marino.

Una historia que pasa por el Campo de Gibraltar

El Estrecho de Gibraltar no fue un simple punto de paso. Fue uno de los escenarios clave en la ruta de este buque y en la vigilancia de los movimientos de la flota rusa. La labor de seguimiento realizada por la Armada española, con base operativa en el sur, demuestra el papel estratégico del Campo de Gibraltar en la seguridad marítima internacional.

El reportaje de La Verdad, lejos de ser una inocentada, destapa una de las operaciones encubiertas más graves detectadas en aguas próximas a España, con ramificaciones que van desde Cartagena hasta el Estrecho, y desde Rusia hasta Corea del Norte.

Una historia real que confirma que, bajo la superficie tranquila del Mediterráneo, se libra una guerra silenciosa.

Fran Bragado



¿PUEDE HABER PROVOCADO LA INTELIGENCIA UCRANIANA UN SILENCIOSO TCHERNOBYL AL SUR DEL CARTAGENA?

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¿Llevaba carga IMO 7 ? Si así es, nunca se reconocerá, hasta que los valores de la radioactividad empiecen a cantar, y entonces alguien deba dar explicaciones a la ciudadanía. España es un país docto en ocultar accidentes e investigaciones; después tenemos el Reino Unido, donde los siniestros marítimos tienen una gran parte pública que se puede consultar en los boletines del MAIB. Fuente de información abierta. Dos modelos opuestos. Si así es, nunca se reconocerá, hasta que los valores de la radioactividad empiecen a cantar, y entonces alguien deba dar explicaciones a la ciudadanía. España es un país docto en ocultar accidentes e investigaciones; después tenemos el Reino Unido, donde los siniestros marítimos tienen una gran parte pública que se puede consultar en los boletines del MAIB. Fuente de información abierta. Dos modelos opuestos.
Investigadores españoles han confirmado que el carguero ruso Ursa Major, hundido frente a las costas de Cartagena, transportaba componentes de reactores nucleares no declarados. Las autoridades los identificaron posteriormente como alojamientos para reactores nucleares VM-4SG. 
España concluyó que el cargamento se dirigía al puerto norcoreano de Rason, que carece de la infraestructura necesaria para manipular este tipo de carga sin grúas especializadas, que también se encontraron a bordo.
El 22 de diciembre, los controladores marítimos españoles observaron que el buque perdía velocidad y se escoraba sin explicación.
El 23 de diciembre se emitió una señal de socorro. Las unidades de rescate españolas acudieron y encontraron el buque muy inclinado. El capitán alegó un fallo mecánico, pero los daños en el casco mostraban indicios de un impacto externo compatible con un torpedo supercavitante.
El buque de guerra ruso Ivan Gren llegó pronto, exigió el control del lugar y lanzó bengalas, probablemente para interrumpir la vigilancia satelital. Poco después, el Ursa Major desapareció de la superficie. Los sismógrafos registraron explosiones submarinas y el buque se hundió a una profundidad de 2500 metros.
Días después, el buque ruso Yantar, con capacidad para la recuperación en aguas profundas, llegó al lugar, lo que sugiere un intento de recuperar o destruir equipo sensible. Las autoridades españolas creen que las piezas del reactor formaban parte de un acuerdo encubierto de cooperación nuclear entre Moscú y Pyongyang, tras recientes acuerdos militares.
Según La Verdad, el buque era operado por Oboronlogistics, una empresa vinculada al sector de defensa que transporta regularmente carga militar para el Kremlin. Si bien Rusia acusó a España de interferencia, las autoridades españolas sostienen que sus acciones se ajustaron al derecho marítimo internacional.







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