El poblado a poco más de una hora de Sevilla que llegó a tener escuela, iglesia y 300 vecinos y hoy está abandonado

 


Los Cabezudos, en Almonte, conserva las huellas de una comunidad que creció alrededor del eucalipto

Hubo un tiempo en el que las casas de Los Cabezudos tenían vecinos, los niños acudían a la escuela y los trabajadores se reunían en la cantina al terminar la jornada. Hoy, parte de aquellos edificios permanece en ruinas entre los árboles del entorno de Doñana. Este antiguo poblado forestal de Almonte, en Huelva, se encuentra a poco más de una hora en coche de Sevilla y guarda una historia de trabajo, familias y despoblación.

Antes de convertirse en escenario de relatos de misterio, Los Cabezudos llegó a albergar a unas 300 personas. El asentamiento nació ligado a las explotaciones forestales y desarrolló los servicios necesarios para que los trabajadores pudieran establecerse allí con sus familias.



Un poblado construido alrededor del eucalipto

Sus antecedentes se remontan a los años veinte, cuando Forestal de Villarejo, una compañía de capital holandés, impulsó plantaciones de eucaliptos y pinos en los cotos de Cabezudos y Bodegones. Desde los años cuarenta, el Patrimonio Forestal del Estado extendió las repoblaciones y consolidó los asentamientos vinculados a estos trabajos.

Los Cabezudos se convirtió en uno de los centros desde los que se organizaba la actividad de los montes cercanos. En sus proximidades se instaló un complejo industrial que aprovechaba la madera y otros productos del eucalipto, como sus aceites esenciales.

Una comunidad con escuela, médico y cantina

El poblado contó con viviendas, iglesia, escuela, atención médica, tienda y espacios de reunión. También había talleres, almacenes y oficinas para sostener la actividad forestal. La casa del ingeniero y las dependencias de los trabajadores reflejaban en el propio trazado la jerarquía laboral de aquella comunidad.

Los testimonios de antiguos residentes recogidos por El Confidencial en 2022 recuerdan las conversaciones a las puertas de las casas, las partidas de cartas y los guateques. Allí crecieron dos generaciones y se conocieron parejas que, décadas después, seguían conservando el recuerdo del lugar donde habían formado su familia.

Del trabajo forestal al abandono

La pérdida de población fue progresiva. Los cambios en el aprovechamiento de los montes, las alternativas económicas y la creciente protección del entorno de Doñana fueron transformando el modelo que había sostenido el asentamiento.

Las familias se marcharon y los edificios quedaron sin el uso para el que habían sido construidos. Las publicaciones más recientes todavía describen antiguas viviendas deterioradas y una iglesia que permanece como testimonio del poblado.

Las leyendas y el acceso al recinto

El abandono ha atraído a fotógrafos y aficionados al misterio. Distintas publicaciones recogen relatos sobre ruidos, sombras y supuestas psicofonías, testimonios que han contribuido a su fama de «pueblo fantasma», aunque no demuestran la existencia de fenómenos sobrenaturales. Los Cabezudos se encuentra junto a la carretera HU-4200, a unos doce kilómetros de Almonte.


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