Despiden a una profesora por declararse provida cuando un alumno le pregunta por el aborto: «Me han censurado»

 

Anita Meston LifeNews

Anita Meston considera que su despido supone un castigo por sus creencias religiosas y sus opiniones personales


La muerte ha vuelto a ponerse por delante de la vida. Esta vez ha sido en Inglaterra, concretamente en un colegio. Una profesora británica de 63 años ha denunciado ante la justicia su despido después de que una alumna le preguntara cuál era su postura sobre el aborto y afirmara que estaba «en contra» porque, entre otros motivos, era cristiana.

Anita Meston, que trabajaba como profesora de francés en la Biddick Academy, situada en Washington, Sunderland, al norte de Inglaterra, y que tiene más de 28 años de experiencia docente, afirma a LifeNews que la escuela vulneró sus derechos al prescindir de sus servicios por expresar una opinión provida en respuesta directa a una pregunta de clase.

Los hechos ocurrieron durante una clase de Historia con alumnos de entre 12 y 13 años. Durante la lección, Meston, que también es tutora, recibió una pregunta de una estudiante, la cual le preguntaba directamente si estaba a favor del aborto. La docente no dudó en contar su experiencia y habló de su fe y de las mujeres que se habían arrepentido de abortar.

De hecho, comunica LifeNews, durante aquella clase también surgieron preguntas sobre personalidades políticas como Nigel Farage, líder de Reform UK, y Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Meston asegura que respondió de forma breve y neutral. Esto generó un debate en el aula, en el que, según expresa, cada alumno pudo hablar abiertamente y se respetaron.

Aunque todo había ido bien, la situación tuvo consecuencias al día siguiente. La directora del centro comunicó a Meston que una estudiante había presentado una queja y le recordó las normas de la academia, que impiden a los profesores dar sus opiniones personales al aula. A pesar de explicar su versión, decidieron echarla.

La profesora considera que su despido supone un castigo por sus creencias religiosas y sus opiniones personales. En este sentido, asevera que no cree que sea función de un profesor imponer «creencias ajenas a la lección en clase». Además, anota que simplemente respondió con sinceridad a las preguntas de mis alumnos antes de retomar la lección», afirmó.

Por último, cuestiona que un sistema educativo que defiende la inclusión y la tolerancia pueda sancionar «a una docente por expresar una postura con la que otros discrepan». A su juicio, el caso constituye un ejemplo de censura que no debería sentar precedente en el ámbito educativo.

María Fernández



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