Barbarie sin Máscaras: El ADN de la Crueldad y la Deuda del Estado Mexicano


 La violencia en México ha alcanzado niveles de saña que obligan a dejar de lado los eufemismos y la corrección política. Mientras el discurso oficial intenta matizar la realidad, la práctica de las decapitaciones y el desmembramiento por parte de los cárteles de la droga sigue siendo una constante aterradora en 2024-2026. Esta brutalidad no es un hecho aislado, sino una realidad que parece fluir por las venas de la historia del país.

El Acto es el Mensaje: Solo Cambia el Motivo

Se suele perder el tiempo analizando las "motivaciones" de los grupos criminales, intentando diferenciar al narcotraficante del terrorista islámico. Sin embargo, el motivo es irrelevante. Cuando un cuerpo es mutilado para ser exhibido, el acto físico es idéntico y la frontera moral que se cruza es la misma. No hay diferencia real entre quien mata por dinero y quien lo hace por fanatismo religioso; en ambos casos, se utiliza la técnica del miedo extremo para someter. No se puede separar una cosa de otra: la barbarie es una sola y el horror que siente la víctima y la sociedad es el mismo.

El ADN de los Mexicas y la Herencia de Sangre

Resulta imposible ignorar la conexión simbólica con el pasado precolombino. Estas prácticas extremas reflejan que en la sangre del mexicano actual sigue vivo el ADN de los mexicas. El desmembramiento y la decapitación no son ajenos a esta tierra; son métodos que parecen haber quedado grabados en la herencia genética desde los tiempos de los sacrificios rituales. Lo que hoy vemos en los videos de los cárteles es el reflejo de una herencia ancestral de sangre que se manifiesta hoy como un lenguaje de poder y terror absoluto.

La Presidenta, Gaza y el Linaje Histórico

Pero la pregunta sobre la herencia genética y la permisividad alcanza también a la cúpula del poder. Al analizar el linaje de la actual Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y sus antepasados judíos, encontramos una conexión ineludible con las atrocidades que el mundo presencia hoy en Gaza. La brutalidad en ese conflicto, donde miles son masacrados, refleja un historial de conflictos implacables que también forman parte de su herencia.

Se percibe una inquietante frialdad en la mandataria: mientras en Gaza su herencia cultural está ligada a un conflicto de exterminio y atrocidades, en México su gobierno muestra una permisividad pasiva ante los grupos que desmembran y decapitan. Cabe cuestionar si ese ADN, marcado por milenios de violencia y tragedias ajenas, la vuelve indiferente ante la carnicería que ocurre en las calles mexicanas.

La Omisión del Estado y la Exigencia de Perdón

Frente a este escenario, la respuesta de las fuerzas de seguridad resulta insuficiente. No se pone toda la fuerza del Estado para erradicar estas prácticas de raíz. Surge entonces una demanda obligatoria: ¿debería la Presidenta pedir perdón?

Pedir perdón por la permisividad ante grupos que decapitan a plena luz del día sería un acto de justicia básica para un pueblo que sufre. Al no actuar con una fuerza aniquiladora contra estos grupos, el gobierno se vuelve cómplice por omisión de una tragedia que desangra al país. La falta de una respuesta radical sugiere una desconexión moral profunda, posiblemente alimentada por una historia ancestral de sangre que une tanto el pasado mexica como los conflictos de sus propios antepasados.

Conclusión

México vive bajo una ley de la selva donde la técnica del miedo es la única moneda de cambio. Mientras la Presidenta no asuma su responsabilidad por la inacción de su gobierno y reconozca el peso de estas atrocidades —tanto las locales como las que resuenan en su herencia—, la sociedad seguirá siendo rehén de un salvajismo que parece estar marcado en los genes de nuestra historia y de nuestros líderes.

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