¿Reconoció Marruecos a Estados Unidos en 1777? ¿Fue el tratado de 1786 una alianza de amistad? Este análisis histórico desmonta dos grandes mentiras sobre las relaciones entre Marruecos y Estados Unidos.
La propaganda oficial marroquí ha logrado instalar en el imaginario colectivo, e incluso en enciclopedias como Wikipedia, una versión edulcorada de sus vínculos con Estados Unidos que no resiste el menor análisis documental. Dos afirmaciones se repiten hasta el cansancio: que el sultán Mohammed III fue el primer monarca del mundo en reconocer la independencia de las Trece Colonias en 1777, y que un tratado de paz firmado en 1786 convierte a Marruecos en el aliado más antiguo de Washington. Ambas son falsedades históricas.
Primera mentira: el supuesto reconocimiento de 1777
La realidad es tozuda. En 1777, cuando supuestamente Mohammed III reconoció a los Estados Unidos, Marruecos era aliado de Gran Bretaña, la potencia contra la que precisamente luchaban los colonos rebeldes. El sultán había firmado una alianza con el rey Jorge III en 1774, comprometiéndose a que sus corsarios no atacarían barcos ingleses a cambio de ayuda militar. Resulta imposible que un aliado de Londres reconociera a los enemigos de su protector: Jorge III jamás lo habría permitido.
Lejos de ser un gesto de simpatía hacia los insurgentes americanos, la política exterior de Mohammed III se centraba en su guerra contra España. Marruecos asedió Melilla entre 1774 y 1775 con apoyo británico, y mantuvo ese conflicto hasta 1780. No fue hasta que los ingleses redujeron su ayuda —absorbidos por la guerra en América— cuando el sultán se vio obligado a firmar la paz con Carlos III en Aranjuez, comprometiéndose incluso a expulsar a los buques británicos de sus puertos.
Segunda mentira: el tratado de 1786 como prueba de amistad
El segundo mito se apoya en el Tratado de Paz y Amistad firmado en Marruecos en junio de 1786 y ratificado por Estados Unidos en julio de 1787. Sus defensores lo presentan como una alianza privilegiada, pero una lectura atenta del documento revela algo muy distinto.
El objetivo principal de aquel acuerdo era mucho más prosaico: impedir que los corsarios marroquíes siguieran atacando barcos mercantes estadounidenses, como habían hecho con el Betsey en 1784. No se trataba de un pacto de amistad excepcional, sino de la aplicación de las mismas normas que Marruecos ya tenía con otras potencias europeas, incluida España.
El propio texto del tratado lo confirma. En su punto 14 se establece que « el Comercio con los Estados Unidos será en pie de igualdad con el Comercio con España ». Y para regular el intercambio de prisioneros se fijó una compensación de « cien dólares mexicanos » por persona, una moneda que por entonces pertenecía al Reino de España. Difícilmente puede considerarse un tratado de « especial amistad » cuando su principal referencia es precisamente la potencia europea con la que Marruecos acababa de firmar la paz tras años de guerra.
Un mito con consecuencias actuales
La difusión de estas falsedades no es inocente. Como señala el análisis original, Marruecos utiliza este relato de « aliado más antiguo » para obtener favores y protección de Washington, escudándose en una supuesta amistad histórica que nunca existió. Esa indulgencia internacional ha permitido al régimen marroquí mantener un sistema político antidemocrático y prolongar la ocupación del Sahara Occidental, antigua colonia española que sigue esperando su independencia.
La historia, cuando se examina con rigor documental, desmiente la fábula. Marruecos no fue el primer país en reconocer a Estados Unidos —Francia, España y Holanda lo hicieron antes—, ni fue un aliado temprano de la causa americana. Fue, por el contrario, un socio de Gran Bretaña durante los años decisivos de la Guerra de Independencia. Repetir la mentira no la convierte en verdad.
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