De las casi 9.000 eutanasias que se han practicado en los dos últimos años, ninguna ha sido analizada por la Fiscalía
Sin embargo, esta Ley no se cumple en Bélgica. Hace diez meses, en la constitución de la Coalición de Prevención de la Eutanasia Europa (EPC-E ) en Bruselas, su director ejecutivo, Alex Schadenberg, advertía de que la realidad es que el 32 % de las muertes asistidas en Bélgica se realizan sin solicitud y el 47 % ni tan siquiera se notifican.
Y, a pesar de todo, la Comisión Federal de Control y Evaluación de la Eutanasia no remitió ninguna muerte asistida a la Fiscalía ni en 2024 ni en 2025 y eso que, según los datos oficiales se practicaron en Bélgica alrededor de 8.500 eutanasias (3.991 en 2024 y 4.486 en 2025).
De ahí que el Instituto Europeo de Bioética haya llegado a la conclusión de que «la Comisión interpreta muy libremente el texto de la ley hasta reducir a la nada el control que debe ejercer sobre determinadas condiciones legales».
En 2014 se dio un caso que conmocionó a Bélgica ya que se practicó la eutanasia a dos gemelos al mismo tiempo, los gemelos Marc y Eddy Verbessem. Estas dos personas nacieron sordas y a la edad de 45 años comenzaron a quedarse ciegas, por lo que optaron por la eutanasia.
"Me pregunto si los gemelos Verbessem conocían la formación disponible para su situación, si se les dio a conocer la comunidad de personas sordas y ciegas de Bélgica que estaba en torno a ellos, para calmar su miedo a quedarse ciegos, escribió entonces la bloguera canadiense Coco Roschaert, sorda y ciega como los gemelos.
Y es que, según el informe bianual de la Comisión Federal de Control y Evaluación de la Eutanasia, correspondiente al periodo 2022-2023, solo el 3 % de los médicos consultados como segunda opinión en los procedimientos de eutanasia tenían formación en cuidados paliativos.
Según publicó un médico de Atención Primaria anónimo en la revista digital 'genethique.org' correspondiente al mes de abril, él mismo había practicado tres eutanasias. Pero decidió dejarlo por lo mal que le hacía sentirse estas prácticas. «Me sentía realmente mal, lleno de preguntas, de interrogantes interiores», aseguró.
Así que se limitó a hacer un primer informe sobre las patologías del paciente y después volcaba la responsabilidad sobre ese segundo médico, que resultaba ser la Asociación por el Derecho a Morir con Dignidad (ADMD) o el consorcio LEIF-EOL, una red de médicos independientes especializados en la eutanasia y cuidados al final de la vida.
De hecho, un tercio de esos llamados médicos «independientes» habían recibido formación impartida en colaboración con la propia ADMD. De ahí que las asociaciones pro-eutanasia ocupen una posición estructural tanto en la consulta preceptiva como en la ejecución material.
