Argelia reclama y asume su condición de potencia regional

 


El despliegue anunciado en Níger podría constituir una prueba importante de esta nueva dirección. Su eficacia dependerá en particular de sus objetivos precisos, de su marco jurídico, de su coordinación con las autoridades nigerinas y de sus consecuencias sobre los equilibrios regionales.

El envío de activos militares argelinos a Níger marca un punto de inflexión estratégico para Argel. Quince años después de la crisis libia, Argelia ahora pretende anticipar amenazas más allá de sus fronteras y fortalecer su seguridad e influencia económica en una región del Sahel en plena reorganización.


Argelia pretende dar un nuevo paso en su afirmación como potencia regional. En un artículo publicado el 2 de septiembre de 2026, los medios de comunicación Al Hirak Al Ikhbari, de la pluma del periodista Abed Charef, analiza la evolución de la doctrina militar argelina y las ambiciones de Argel en un entorno regional marcado por la inestabilidad, la multiplicación de actores extranjeros y la persistencia de amenazas a la seguridad.

En el centro de este desarrollo hay una idea central: la seguridad nacional ya no puede garantizarse sólo dentro de las fronteras. Para Argel, la estabilidad de los países vecinos, especialmente en el Sahel, constituye ahora una cuestión directa de soberanía.

Níger, símbolo de un punto de inflexión militar

Según información reportada por Al Hirak Al IkhbariArgelia anunció, el 30 de agosto de 2026, el despliegue en Níger de un dispositivo aéreo compuesto por cuatro aviones de combate Sukhoi-30, un avión cisterna y un avión de transporte. Los medios de comunicación también mencionan la entrega de cuatro helicópteros a Níger a principios del mismo mes.

Esta iniciativa ilustra una evolución significativa en la postura militar argelina. Según Abed Charef, este sería el primer enfrentamiento de este tipo en el extranjero desde 1973, abriendo una nueva fase en la forma en que el país ve su defensa.

El objetivo sería no esperar más a que las crisis regionales produzcan sus efectos en territorio argelino, sino actuar más arriba para evitar amenazas que puedan comprometer su seguridad.

Esta orientación, sin embargo, conlleva riesgos operativos y diplomáticos. La proyección de activos militares en el exterior requiere una logística adecuada, una protección eficaz del personal y del equipo, así como una evaluación rigurosa de las consecuencias de un posible enfrentamiento prolongado.

El trauma libio y la transformación de la doctrina argelina

Para explicar este cambio, Abed Charef vuelve a las consecuencias de la intervención de la OTAN en Libia en 2011. Según su análisis, el colapso de las estructuras estatales libias contribuyó a la desestabilización del Sahel, favoreciendo la circulación de grupos armados, redes de contrabando y la propagación de amenazas terroristas.


Argelia, que había favorecido una doctrina de no intervención, se encontró ante las repercusiones de una crisis en la que no había participado directamente.

Los secuestros de nacionales y diplomáticos argelinos, el debilitamiento del control territorial en varios países vecinos y la instalación de nuevos actores externos han puesto de relieve los límites de una estrategia exclusivamente defensiva.

Es esta experiencia la que, según el artículo d’Al Hirak Al Ikhbari, habría llevado a las autoridades argelinas a repensar progresivamente sus instrumentos de seguridad.

El nuevo enfoque se basa en cuatro ejes: la evolución de la doctrina militar, la adaptación del marco legal, la adquisición de capacidades operativas y el desarrollo de una industria de defensa capaz de satisfacer determinadas necesidades estratégicas.

De las inversiones militares a la capacidad de intervención externa

Esta transformación no es nueva. En particular, ha dado lugar a importantes inversiones en equipo militar y formación de personal durante la última década.

La Constitución argelina de 2020 estableció entonces un importante avance jurídico. Su artículo 91 prevé, bajo ciertas condiciones, la posibilidad de participación del Ejército Nacional Popular en el extranjero, particularmente en el marco de misiones de mantenimiento de la paz.

Sin embargo, esta facultad se rige por requisitos constitucionales. Abed Charef plantea así una cuestión política relativa a la autorización parlamentaria necesaria para el despliegue mencionado en Níger. Según su análisis, el artículo 91 prevé una mayoría de dos tercios de los votos de los miembros de cada una de las dos cámaras del Parlamento.

Esta cuestión merece una aclaración institucional: la evolución de las ambiciones estratégicas no exime a las autoridades de respetar los procedimientos constitucionales aplicables. La legitimidad política de una intervención externa depende también de la transparencia de su justificación y de la definición de sus objetivos.

El Sahel, el nuevo centro de gravedad de la seguridad argelina

La ambición argelina, sin embargo, va más allá del ámbito militar únicamente. Argel busca fortalecer su papel en una región donde los equilibrios tradicionales están evolucionando rápidamente.


El declive de la influencia francesa en varios países africanos, combinado con la creciente presencia de Rusia, China, Turquía y Estados Unidos, ha abierto una nueva competencia por las asociaciones económicas, diplomáticas y de seguridad.

En este contexto, Argelia dispone de varias palancas: sus recursos energéticos, su peso económico, su experiencia en la lucha contra el terrorismo y su proximidad geográfica a los países del Sahel.

El artículo destaca en particular la importancia de la cooperación con Níger. Las actividades de Sonatrach en investigación y exploración energética, así como el proyecto del gasoducto que une Nigeria con Argelia a través de Níger, ilustran la conexión entre las ambiciones económicas y los objetivos geopolíticos.

Las infraestructuras previstas en el sur de Argelia también podrían contribuir al comercio con los países sin litoral del Sahel, siempre que los proyectos tengan éxito y las condiciones de seguridad permitan su realización.

Argel y Bamako: ¿hacia una reevaluación del equilibrio de poder?

Las relaciones entre Argelia y Malí han experimentado tensiones importantes, en particular en torno a cuestiones diplomáticas y de seguridad. Abed Charef cree que Bamako parece estar midiendo gradualmente los límites de una confrontación duradera con su vecino del norte.

Esta lectura forma parte del análisis del autor y no es suficiente, por sí sola, para establecer la existencia de un cambio definitivo en la posición maliense.

Sin embargo, pone de relieve una cuestión fundamental: ningún país puede estabilizar de forma sostenible el Sahel sin la cooperación con sus vecinos. Las fronteras porosas, el desplazamiento de grupos armados, el tráfico transnacional y la fragilidad de las instituciones requieren mecanismos de coordinación que vayan más allá de las rivalidades políticas.

Para Argel, el objetivo es, por tanto, que se reconozca su papel en la arquitectura de seguridad regional, preservando al mismo tiempo sus intereses nacionales.

Una potencia regional enfrentada a sus responsabilidades

Al afirmar que Argelia reclama y asume su condición de potencia regional, Abed Charef defiende la idea de que las capacidades económicas y militares del país deben traducirse ahora en una influencia más concreta en su entorno inmediato.


El autor destaca el peso económico de Argelia en comparación con los países de la Alianza de Estados del Sahel (AES), así como sus capacidades militares y su experiencia antiterrorista. Considera que estos activos podrían promover una cooperación más estrecha con Níger, Malí y otros países de la región.

Pero la afirmación del poder regional no se mide únicamente por el número de aviones desplegados o el volumen del gasto militar. También depende de la capacidad de prevenir conflictos, apoyar el desarrollo, construir asociaciones duraderas y evitar escaladas diplomáticas.

Argelia tendrá pues que conciliar sus nuevas ambiciones en materia de seguridad con los imperativos de la estabilidad política, la legalidad constitucional y la cooperación regional.

La estabilidad del Sahel, un interés estratégico compartido

A largo plazo, el desarrollo económico del Sahel y la seguridad de Argelia parecen estar estrechamente vinculados. La pobreza, la infraestructura insuficiente y las instituciones frágiles pueden alimentar la inestabilidad, mientras que las crisis de seguridad obstaculizan la inversión y el comercio.

La estrategia defendida en el análisis de Abed Charef se basa pues en una doble lógica: fortalecer las capacidades argelinas de prevención de amenazas y desarrollar las relaciones económicas con los países vecinos.

El despliegue anunciado en Níger podría constituir una prueba importante de esta nueva dirección. Su eficacia dependerá en particular de sus objetivos precisos, de su marco jurídico, de su coordinación con las autoridades nigerinas y de sus consecuencias sobre los equilibrios regionales.

Para Argel, el desafío ahora es transformar su peso militar y económico en una capacidad real para contribuir a la estabilidad del Sahel. Porque no se puede decretar una influencia regional duradera: se construye a través de la seguridad, el desarrollo, la cooperación y la confianza entre los Estados.

Mghreb Online

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