Charro
Cuando los españoles llegaron a América, el caballo no existía en el continente. Tampoco existía el ganado vacuno. Ambos animales habían desaparecido miles de años antes. Fueron los españoles quienes los reintrodujeron y, con ellos, toda una economía ganadera desconocida hasta entonces en el Nuevo Mundo. En los territorios de Nueva España, que incluían lo que hoy son México, Texas, California, Arizona y Nuevo México, surgieron enormes explotaciones ganaderas que exigían nuevos conocimientos técnicos y una figura profesional específica. Así nació el vaquero.
El propio término es español. La palabra “vaquero”, derivada de “vaca”, designaba ya en el siglo XVI a los hombres encargados de manejar el ganado a caballo. También son españoles los elementos que definen esta actividad: el lazo, la silla adaptada al trabajo ganadero, las espuelas, el rancho como unidad económica y el manejo sistemático del ganado en grandes extensiones abiertas. Nada de esto existía en América antes de la llegada de España.
Cuando Estados Unidos se expandió hacia el oeste en el siglo XIX, no creó esta cultura. La encontró plenamente desarrollada en territorios que habían sido españoles durante más de doscientos años. Los colonos anglosajones adoptaron directamente ese sistema. La propia lengua inglesa conserva la prueba de esta herencia: “buckaroo” procede de “vaquero”, “lasso” de “lazo”, “rodeo” de “rodeo”, “mustang” de “mesteño”, “bronco” de “bronco”, “corral” de “corral” y “ranch” de “rancho”.
Durante los siglos XVII y XVIII, las grandes haciendas ganaderas de Nueva España formaron una cultura ecuestre propia. El término “charro”, que en España designaba originalmente a los campesinos de Salamanca y otras regiones, comenzó a utilizarse en México para referirse a los jinetes expertos y hábiles en el manejo del ganado y el caballo.
El traje de charro, con su chaqueta corta, pantalones ajustados, botonaduras metálicas y sombrero ancho, tiene raíces en la vestimenta ecuestre española, adaptada a las condiciones del campo mexicano.
En el siglo XIX, tras la independencia de México, el charro se convirtió en un símbolo nacional. Representaba al jinete hábil, valiente y ligado al mundo rural. Su cultura dio origen a la charrería, un conjunto de prácticas ecuestres que incluyen el manejo del lazo y diversas suertes con el ganado.
Cuando los estadounidenses llegaron al oeste, no crearon esa cultura. La heredaron.

Cómo el caballo siendo del tamaño de un perro desaparece de las praderas norteamericanas e inicia una vuelta evolutiva al mundo pasando por Beringia hasta alcanzar Asia Central donde comienza a ser montado por el hombre y desde donde llega a España hasta que de la mano de exploradores y colonizadores españoles retorna de nuevo a América.
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