El poblado conserva material médico, ropa, libros, pupitres, recuerdos personales... como si sus residentes hubiesen salido corriendo
Es el Chernóbil asturiano. Un pueblo completamente abandonado, que se construyó en la década de los sesenta para los trabajadores de una central térmica: la del Narcea. Se trata de Soto de la Barca, en Tineo. Tenía escuelas, club social con bar, cine, zonas deportivas y hasta centro de salud. Llegó a tener 500 vecinos. Pero con el cese de actividad de la central (de forma definitiva, en 2020) y su posterior desmantelamiento por parte de Naturgy, el poblado quedó vacío y cayó en el olvido. Hoy es una localidad fantasma.
Lo más llamativo de todo es que parece que sus residentes se fueran corriendo. Como si la central térmica hubiese sufrido un accidente, como pasó en Chernóbil (Ucrania, entonces parte de la Unión Soviética). Pero no... Las casas y locales conservan material médico, potas, ropa, pupitres, libros, recuerdos personales... Todo está patas arriba, pero lleno de recuerdos de lo que algún día fue. Su estado actual impacta a cualquiera.
Su futuro, en el aire
Y mientras, su futuro, su segunda vida, sigue en el aire, después de que el Ayuntamiento de Tineo tuviese que tomar la decisión el año pasado de devolver la ayuda de 3,5 millones de euros que recibió en 2023 de los fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia para desarrollar en él un novedoso proyecto de vivienda colaborativa.
La regidora tinetense, Montse Fernández, explicó entonces que cuando llegaron al consistorio ya se percataron de la problemática de sacar adelante el proyecto, puesto que “en junio de 2023, cuando llegamos al Ayuntamiento, ya no se estaban cumpliendo los plazos, se concedió la subvención provisionalmente en abril de 2023 y la contratación de los proyectos no se pudo hacer hasta septiembre”, detalla.
A ello, se sumó que se necesitaban elaborar dos proyectos uno para la reforma de las 14 viviendas unifamiliares que entraban en la propuesta de rehabilitación y otro para la urbanización del poblado. Este último proyecto nunca llegó a pesar de los numerosos requerimientos realizados por la administración local.
"No podíamos condenar a los tinetenses a pagar por una obra que no sabemos qué viabilidad podría tener en el futuro”, señala Fernández sobre el proyecto de “cohousing” o vivienda colaborativa pensado para el poblado y que logró una de las puntuaciones más altas para acceder a las subvenciones.
Alejandra Carreño



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