Parece irreal, pero no lo es. Es un caso único y especial. Parece tan inverosímil que su protagonista no quiere dar a conocer su nombre. «Prefiero que no, porque Salamanca es una ciudad pequeña. Sé que aporta credibilidad a la historia, pero no es mi intención ser reconocida. Prefiero mantenerme en el anonimato», explicaba antes si quiera de darle al play a la grabadora.
Laura, nombre ficticio, habla desde fuera de España, donde ha creado su propia familia. Con 25 años tomó la decisión de seguir su instinto y viajó lejos de Salamanca, aunque en su ciudad dejó un legado ahora contado, pero tapado durante más de una década. Cuando heredó la casa de sus abuelos decidió que la cedería de forma gratuita a Cáritas, de manera que la organización pudiera dejársela a personas de extrema vulnerabilidad y sin recursos.
«No había hecho nada en mi vida para merecer esa casa y no creía que debía sacar beneficio de ello»
Y la pregunta sale sola, ¿por qué? «No me considero una persona increíble. En ese momento, sentí que era un regalo. No había hecho nada en mi vida para merecer esa casa y no creía que debía sacar beneficio de ello. Lo primero que pensé, honestamente, fue 'qué hago yo ahora con ello'», reconoce.
Su familia precisó en algún momento de la ayuda de Cáritas y en un contexto totalmente diferente, cuando ellos pudieron devolver algo de la ayuda recibida, no lo dudaron. «Me propusieron hacerlo así y me pareció la mejor idea posible», explica, «era algo que yo había recibido gratis y no veía un motivo para no darlo gratis. Me había caído regalado y regalado decidí darlo, sabiendo que mi familia tenía una situación privilegiada. Yo sabía que nunca me iba a quedar sin casa y sabía que sí había personas sin hogar».
«Era anhelar yo un lujo a base de la necesidad de otra persona, porque yo lo necesitaba»
«
Y continúa: «Sentía que si sacaba beneficio a ese piso estaría especulando. Era anhelar yo un lujo a base de la necesidad de otra persona, porque yo lo necesitaba, yo estaba cubierta. ¿Por qué no ponerlo al servicio de Cáritas que tan maravilloso es? Además, fue fácil, en cuanto a trámites y burocracia, no me tuve que encargar de nada».
¿Qué opina de los que no opinan igual? «No entro a juzgar en gente que alquile o no su piso, ya que habrá muchas realidades diferentes y personas que tengan que hacerse cargo de otras personas, que necesiten un extra, que sus hijos quieran estudios específicos... es que no juzgo, lo que quiero es que se conozca la posibilidad y la iniciativa. He contribuido a la sociedad y creo que otras personas podrían hacerlo», responde.
¿Cómo animaría a alguien a que haga lo mismo que usted? «Creo que le preguntaría cuánto lo necesita y le invitaría a reflexionar sobre la necesidad de la persona que podría vivir ahí, que hiciera esa comparación», argumenta.
La necesidad de venderlo a posteriori
Después de 12 años, durante los que han pasado tres familias sin hogar por su casa, Laura ha tomado la decisión de vender el piso herederado de su antepasado, mirando por ella y su familia. En su país de residencia el alquiler ha subido y tuvo, ahora sí, la necesidad económica para poder comprar su propio hogar en Alemania.
«Me ha costado mucho tomar la decisión, fue complicada, pero tenía que hacerlo», finaliza.
Sus hijos lo agradecerán, seguro, pero sobre todo, estarán orgullosos de leer lo que un día su madre hizo por otros sin recibir nada a cambio. Es inédito.
María Pedrosa

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