lunes, 25 de marzo de 2019

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domingo, 25 de febrero de 2018

La 'diarrea normativa' aumentó un 19% en 2017 y se duplicará en 2018

La CEOE denuncia la "elevada densidad y complejidad" del marco legislativo español.

Patricia Malagón
2018-02-25
 
La burocracia sigue creciendo | Pixabay/CC/Geisteskerker
La CEOE ha publicado un nuevo informe sobre la producción normativaen España en 2017 -un estudio que aborda el número de normativas aprobadas en nuestro país cada año-. Lo cierto es que 2017 tiene una lectura positiva y otra negativa. La parte positiva refleja que durante los pasados doce meses se registró el segundo curso con menos normas aprobadas desde 1970. La parte negativa es que aumentaron un 18,6% respecto a 2016.
Concretamente, en 2017 fueron 517 las nuevas normas aprobadas en España -solo 2016 marcó un registro más bajo al quedarse en 436-. La explicación a esto se encuentra en que en 2016 España se rigió con unGobierno en funciones y que durante 2017 la variedad parlamentaria y la falta de mayorías han frenado la producción normativa. A pesar de ello, España ha aprobado 41.883 normas durante los últimos 47 años.
NORCEOE1.jpg Desgranando las cifras, se puede observar que en 2017 nuestro país aprobó solo una Ley Orgánica, 12 leyes, 172 reales decretos, 21 reales decretos-ley y 311 órdenes. Es el primer año, desde 1993, en el que se aprueba un porcentaje tan bajo de leyes orgánicas -en 1993 no se aprobó ninguna-.
 
Cabe destacar que este primer año de legislatura -comenzó el 17 de noviembre de 2016- ha sido en el que menos normas se han aprobado desde la primera legislatura de la democracia. Un fenómeno que encuentra respuesta, como ya se ha señalado, en la falta de consenso y mayorías parlamentarias. Eso sí, la CEOE advierte de que en 2018 la producción normativa podría duplicarse.
NORCEOE2.jpg Respecto a las páginas publicadas en el BOE, se han incrementado un 29,7% respecto a 2016 -en total se editaron 223.043 durante el pasado curso-. En este caso, 2017 fue el año más prolijo para el Boletín Oficial del Estado desde 2011 -a partir de ese año el número de páginas editadas se mantuvo por debajo de las 177.000-.

Las CCAA también aumentaron la regulación

Las comunidades autónomas también aumentaron su producción normativa respecto a 2016. Concretamente, 253 normas fueron aprobadas durante el pasado año -ocho más que en 2016-. La Comunidad Foral de Navarra fue la que más normas aprobó (33), seguida de Cataluña y de Valencia con 31. Por su parte, Castilla-La Mancha (8), País Vasco (8) y Canarias (8) fueron las menos productivas normativamente hablando.
Lo que sí llama poderosamente la atención es que el total de las páginas oficiales entre el BOE y los boletines autonómicos dio como resultado 954.568 folios normativos editados en solo un año.
NORCEOE3.jpg En el marco de la Unión Europea, el número de actos legislativos aprobados en 2017 ascendió a 1.920 -1.105 reglamentos, 32 directivas y 783 decisiones-. El pasado año fue el cuarto curso consecutivo en el que se redujo la aprobación de normativas. Aunque eso sí, el total de las normas europeas ascienden a 46.147.
norceoe4.jpg

Exceso de burocracia

Desde la patronal han querido mostrar la dificultad que supone para el desarrollo de la actividad empresarial la existencia de tantas normativas. "El entramado legislativo español está caracterizado por una elevada densidad y complejidad, lo que obliga a las empresas a bregar con un alto, y a menudo disperso, nivel de regulación, que origina distorsiones en el mercado y un alto nivel de cargas administrativas. Esta situación impacta directamente sobre nuestra capacidad de crecimiento económico, pues erosiona la competitividad de nuestras empresas, que se ven obligadas a destinar notables recursos y esfuerzos a cumplir con la regulación existente, a veces injustificada o desproporcionada.", denuncian los empresarios.
https://www.libremercado.com/2018-02-25/la-diarrea-normativa-aumento-un-19-en-2017-y-se-duplicara-en-2018-1276614403/

En la España de hoy hay más de 100.000 leyes en vigor, resultando inevitable que la propia legislación incurra en contradicciones consigo misma.


Recuperar el valor de las leyes


En la España de hoy hay más de 100.000 leyes en vigor, resultando inevitable que la propia legislación incurra en contradicciones consigo misma.
Aquellos que nos quejamos del irracionalmente excesivo número de leyes a las que nos vemos sometidos lo hacemos habitualmente partiendo de una premisa: las leyes están para ser cumplidas. Si nos sentimos abrumados ante la maquinaria generadora de normas, leyes y reglamentos en la que se van convirtiendo paulatinamente los estados modernos, es precisamente porque sabemos que en el respeto a la Ley radican los fundamentos de cualquier sistema democrático.
Si al diseñar las democracias representativas se hizo tanto hincapié en que los ciudadanos participasen en el proceso legislativo fue precisamente porque el cumplimiento de las leyes ni puede ni debe ser opcional. Y una maraña legislativa excesivamente espesa no solo es un nido de corrupción (ya señalaban los clásicos que un Estado es más corrupto cuantas más leyes tiene) sino que, además, atribuye a los gobernantes un poder cuasi absoluto.
Esto ocurre en la España de hoy, donde hay más de 100.000 leyes en vigor, resultando inevitable que la propia legislación incurra en contradicciones consigo misma. Al final, es la arbitrariedad de los gobernantes la que decide qué proyectos siguen adelante y cuáles no o, mucho más inquietante, quiénes han de cumplir ciertas leyes, y quiénes no, o qué leyes han de cumplir o dejar de cumplir ciertas personas en particular…
En España el proceso legislativo no es ni mucho menos un proceso abierto o transparente en el que pueda participar la sociedad civil
Esto, por supuesto, lo perciben los ciudadanos, especialmente porque lo sufren en sus propias carnes. Y, por si fuera poco, también se percatan de que en España el proceso legislativo no es ni mucho menos abierto o transparente, en el que pueda pueda participar la sociedad civil (por muy indirectamente que sea). Al contrario, las leyes son fruto de procesos opacos e impermeables, que tienen lugar en los despachos de las sedes de los partidos políticos, donde solo acceden ciertas élites extractivas.
Así las cosas, es cuando menos lógico que la ciudadanía perciba la Ley como algo ajeno. Y, ante la práctica imposibilidad de cumplir unas normas sin incumplir otras, asume que las leyes no conforman un marco de convivencia: las percibe como una mera herramienta de poder. Y, consecuentemente, siente rechazo. En consecuencia, cada vez más personas caen en el relativismo y entienden que el acatamiento de las leyes tiende a ser una opción personal puntual para cada caso particular y no un compromiso permanente de convivencia. Sin ir más lejos, asómense un rato a Cataluña.

Podemos despertarnos un día y descubrir que en nuestras sociedades proliferan amenazas que deberíamos haber dejado atrás hace varias décadas
Que la situación actual resulte lógica no quiere decir que debamos darla por válida. Es fundamental recuperar el aprecio a nuestras leyes por todo lo que protegen y representan. Y también velar por su cumplimiento porque lo que entendemos por democracia debería estar plasmado en nuestro ordenamiento jurídico. Y si no prestamos atención podríamos despertar un día y descubrir que proliferan amenazas que deberían estar desterradas hace ya varias décadas.
Sirva como ejemplo el caso de Kuwait Airlines, que lleva años practicando impunemente en nuestra moderna Europa occidental un racismo e intolerancia que todos entendíamos eran cosa de un pasado trágico, superado hace más de medio siglo.
En Kuwait siguen empeñados en mantener el boicot que la Liga Árabe decidió imponer a Israel hace más de 70 años
En la primavera de 2016, esta aerolínea tuvo que asumir que si quería volar entre diferentes ciudades europeas tendría que cumplir con las legislaciones anti-discriminación y decidió no volar. A pesar de que países como Jordania o Egipto lleven tiempo ignorando el el boicot que la Liga Árabe decidió imponer a Israel hace más de 70 años, en Kuwait siguen empeñados en mantenerlo.
El grupo internacional de abogados The Lawfare Project presentó una querella en Suiza a raíz de la denuncia de un ciudadano al que Kuwait Airlines se negó a llevar de Ginebra a Frankfurt. Y la compañía, al comprender que para operar entre ciudades europeas no podía negarse a embarcar pasajeros con pasaporte de Israel, prefirió desmantelar todas sus rutas intra-Europeas e incurrir en pérdidas de cientos de millones de euros.
No era algo nuevo. Este grupo de abogados que ejerce lo que su directora Brooke Goldstein define de manera informal como “activismo litigante”, principalmente (aunque no exclusivamente) centrado en la lucha contra el antisemitismo, ya les había amenazado con emprender acciones legales en Estados Unidos en diciembre del año anterior, y la aerolínea había optado por desmantelar su puente entre Nueva York y Londres, que era una de las rutas que más beneficios aportaba a la compañía (y cuya cancelación fulminante supuso también pérdidas millonarias). Actualmente, de hecho, la misma historia se está repitiendo con los mismos actores, esta vez en Alemania…
Y cierto es que en el caso de los Kuwaitíes podemos llegar a entender que entre asumir pérdidas millonarias en Occidente o sufrir las iras del Emir en casa opten por lo primero (entre que le apliquen a uno nuestras leyes occidentales o le apliquen la Sharia la elección es sencilla).
Hoy es mucho más probable ser censurado en Google, Yahoo y Twitter por incurrir en algún discurso políticamente incorrecto que por incumplir las leyes vigentes en materia de odio o discriminación
Pero esto no debe distraernos de la importante labor que The lawfare Project lleva a cabo en pro del cumplimiento de nuestras leyes, así como de otros casos que ha puesto sobre la mesa. Esta misma semana, sin ir más lejos, han anunciado en España que podrían emprender acciones legales contra Google, Yahoo y Twitter. Y la condición que ponen para no hacerlo (lo que demandan, en definitiva) resulta bastante simple: que se cumplan nuestras leyes antidiscriminación y las propias normas internas de estas compañías. Han señalado casos concretos, demostrado que hoy día es mucho más probable ser censurado en cualquiera de estas plataformas por incurrir en algún discurso políticamente incorrecto que por incumplir las leyes vigentes en materia de odio o discriminación: Y semejante arbitrariedad es inaceptable.
Al final lo que evidencia el “activismo litigante” es que lo que necesitamos no son nuevas leyes, tal y como proponen casi todos los partidos del consenso socialdemócrata (paradójicamente los que más leyes nuevas proponen son los que luego antes invitan a sus seguidores a no acatar las leyes existentes redactadas por otros; y, por el contrario, los individuos o grupos que más respetuosos se muestran con la Ley son siempre los que abogan por reducir drásticamente su número y sus ámbitos de actuación). Tampoco derogarlas o siquiera modificarlas.
Antes de plantearnos ninguna otra cosa, debemos asumir que hay que respetar las leyes; y debemos aprender no solo a acatarlas sino a velar para que sean cumplidas. Ya que ahí radica la base sobre la que se edifica cualquier convivencia democrática. Porque solo tras interiorizar que las leyes son de obligado cumplimiento, podremos valorarlas en toda su magnitud y gravedad.
Las leyes más importantes se pactan en despachos de partidos políticos fuera de las instituciones sin disimulo alguno
Únicamente cuando entendamos que las leyes, su forma y su contenido nos afectan de manera inexorable, nos guste o no; comprenderemos la capital importancia de que nos impliquemos y participemos en su redacción y desarrollo. Debemos ser conscientes del enorme agravio y daño que supone que las leyes más importantes se pacten en despachos de partidos políticos fuera de las instituciones sin disimulo alguno. Porque mientras no seamos conscientes, será absurdo esperar que nos planteemos hacer algo al respecto…
Debemos, en definitiva, apreciar y valorar nuestras propias leyes; aunque solo sea para sentir su peso sobre nuestros hombros, exigir que nos permitan ejercer el papel que nos corresponde legítimamente y empezar a demandar menos y mejores leyes, que buena falta nos hacen.
https://disidentia.com/recuperar-el-valor-de-las-leyes/

EL SÍNDROME DE PROCUSTO

El síndrome de Procusto es aplicable a cualquier ámbito de la sociedad y en el momento que vivimos directamente aplicable a la ideología de género y los intentos del feminismo más radical de acabar con todo aquello que les estorba con tal de que prevalezca su ideología.

El Síndrome de Procusto o por qué despreciamos al que sobresale.
La incapacidad para reconocer como válidas las ideas de otros, el miedo a ser superado profesional o personalmente por otros, la envidia…. Todo ello nos puede llevar a eludir responsabilidades, tomar malas decisiones y frenar las iniciativas, aportaciones o ideas de aquellos que pueden dejarnos en evidencia.
Procusto se ha convertido en sinónimo de uniformidad y su síndrome define la intolerancia a la diferencia. Así, cuando alguien quiere que todo se ajuste a lo que se dice o se piensa, lo que quiere es que “se acueste en el lecho de Procusto”. También aquellos que cogen tus sueños y los adaptan a sus limitaciones mentales para decirte que no se puede, que eres un iluso y que nunca alcanzarás lo que te propones.
Para reconocer mejor la figura de Procusto a tu alrededor, deberás de tener en cuenta que los habrá que ejerzan su visión de forma consciente, pero también quienes ni siquiera sepan que lo están padeciendo.
-Inconscientes de sus actos-
  • Les afecta emocionalmente cuando otra persona tiene razón y ellos no.
  • Creen que son empáticos, pero en realidad juzgan desde su egocentrismo las reacciones de otros.
  • Suelen hablar de trabajo en equipo, escucha, tolerancia, intercambio de ideas… pero siempre con argumentos para ser escuchados, no para escuchar.
-Conscientes de sus actos-
  • Tienen miedo de conocer a personas a las que les va bien, son proactrivas, tienen más conocimientos, capacidades o iniciativas que ellos. Si lo encuentran, les invade una sensación de desconfianza y malestar.
  •  Enfocan sus energías en limitar las capacidades, creatividad e iniciativa de otros para que no queden en evidencia sus propias carencias.
  • Son capaces de modificar su posicionamiento inicial si, con ello, deslegitiman al otro.
  • Suelen buscar la complicidad  de otros, para entre todos, acabar con aquel que destaque más que ellos.
https://mujerescontralalivg.wordpress.com/2018/02/24/el-sindrome-de-procusto/